Dentro de la rutina diaria del niño, es importante que el mismo tenga tiempo para jugar.
El juego es para el niño el mejor mecanismo de aprendizaje, sobre todo en los primeros años de vida. En el juego está la base de lo que más tarde le va a permitir mayores conocimientos y aprendizajes más elaborados.
A través del juego el niño experimenta, aprende, comprende la realidad que lo rodea, libera tensiones, desarrolla su imaginación, su ingenio, lo ayuda a resolver conflictos y comprender su entorno. Es una herramienta indispensable para el desarrollo físico, cognitivo, psicológico y social.
¿Recuerdan todo lo que hablamos sobre estimulación sensorial? Imaginen todas las sensaciones y habilidades corporales que el niño encuentra jugando… ¡Es un abanico muy amplio! ¡Que genera muchos registros corporales!
Antes de los 2 años el juego característico del niño es el puramente corporal, al que llamamos de prevalencia motora o sensoriomotor, son juegos en los que el niño motivado por la curiosidad de conocer su propio cuerpo y el mundo exterior se mueve y explora. Son juegos como gatear, caminar, correr, saltar, caer sobre algo, ser atrapado…
Luego de estos, aparecen juegos a los que nosotros llamamos, siguiendo a Claudia Ravera juegos pre-simbólicos. Son juegos que siempre se dan en relación a un adulto, uno a uno. Serían juegos como aparecer y desaparecer, acercarse y alejarse, lanzar y atrapar, llenar y vaciar… son juegos que generan en el niño una comprensión mayor a nivel cognitivo y un registro que lo prepara para el juego simbólico en sí, jugar a “cómo sí”.
Estos juegos de representación que aparecen alrededor de los 2 años, jugar a comer, a cocinar, a dormir al bebé, a arreglar un autito… no solo van a ayudar al niño a desarrollar su imaginación, también enriquece su lenguaje, aumenta la socialización con pares. Les brinda herramientas para superar situaciones estresantes y aprender a empatizar con el otro. Este tipo de juegos favorecen muchísimo el desarrollo emocional, social y cognitivo.
